Mujeres que cocinan sobre la tierra

Sentadas sobre el suelo

o en cuclillas.

Al principio molestan los músculos

hasta que se acostumbran.

¿Por qué sobre la tierra?

Porque de ahí viene la comida.

Porque queremos darle tiempo a cocinar. Movimiento, pausa, palabra.

En ronda, para reconocernos, mirarnos, tejernos.

Sentimos y conocemos olores, texturas, consistencias, sabores, los haceres y estares de las otras.

Compartimos saberes sobre los alimentos, los ingredientes, las comidas, las recetas.

Mezclamos verduras, granos, semillas y especias que nos nutren y nos sanan.

Mezclamos voces, historias, opiniones, emociones, experiencias, energías.

Participamos con nuestros cuerpos de ciclos naturales junto a otros seres.

La comida y las otras pasan a formar parte de mí

y yo de ellas.

Universos en universos.

Nos enraízamos, en la tierra y en las otras.

Nos nutrimos, nos fortalecemos, nos críamos, sanamos.

También nos reímos, convivimos, disfrutamos.

Reflexionamos sobre los lugares socialmente dados a la comida y al cocinar, desde nuestros cuerpos de mujeres.

Reflexionamos sobre la rebeldía de elegir qué y cómo comer, qué y cómo cocinar, y algún día, qué y cómo crecer nuestros propios alimentos.

Prendemos fuego.

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Hacemos alquimia.

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(La siguiente imagen es una galería. Si hacés click sobre la misma podés ir viendo más.)

¿Cómo surgió la idea?

Siempre me gustó cocinar, sobre todo para agasajar a mis amigxs.

A lo largo del viaje empecé a cocinar cada vez más: primero en Mitla, México, luego en Jordania, en Uganda y finalmente en India. Conocí verduras, especias, olores, sabores. Conocí y cociné recetas de todos estos lugares. Entendí que las recetas son como secretos ancestrales. Este vegetal que sana tal parte del cuerpo, este aroma, que estimula tal sentimiento, esta combinación de ingredientes que realza el sabor e incluso que favorece la absorción de ciertos nutrientes. Las recetas no son mezclas al azar.

También en cada lugar, había ciertos movimientos y posturas que el cuerpo solo aprende. Y ciertos “trucos” que se aprenden un poco escuchando pero sobre todo imitando.

Reconocí que el momento de cocinar y de comer en casi todos lados era el de compartir historias, el de relajarnos.

En los lugares en los que no era así, se sentía en el ambiente que faltaba algo.

Entendí la diferencia entre “alimento” y “comida”.

Por aprender un poco sobre las plantas, sembrar, cuidar, cosechar empecé a experienciar el cocinar y comer relacionado directamente a la agricultura.

En muchos lugares cocinar era cosa de mujeres. En algunos ya habían descubierto toda la riqueza de saberes de los que los hombres se estaban perdiendo. No es puro chisme lo que pasa en la cocina o alrededor del fuego; es conocimiento.

Esto me hizo ver clarito que en las ciudades, muchas veces, como parte de la lucha feminista urbana, como parte de la lucha por poder estudiar y trabajar, hemos nosotras mismas (algunas) desvalorizado el cocinar, hemos colocado esos saberes más abajo en la escala, como si hubiera escala. Nos privamos de eso porque cocinar es cosa de mujeres y no queremos que nos limiten a ese lugar. Yo no quiero que me limiten a ese lugar pero a la vez quiero reivindicar el cocinar! Porque lo valoro.

Finalmente, el tiempo que pasé en Jordania contribuyó a la idea: ahí las amigas hacen de todo juntas, incluso la revisión anual del auto. Se acompañan. Un día estábamos haciendo nuestros propios pantalones, otro conservas de berenjena, otro una huerta. Me hizo pensar que las amigas en Buenos Aires en general nos juntamos a comer y conversar, que es lindo, pero pensé que también podríamos hacer, crear, juntas. ¿Qué podría surgir?

Si querés conocer más sobre la propuesta, escribime. ¡Si te gustaría participar también! Los encuentros son una vez por mes y en general cocinamos comidas de diferentes lugares del mundo. Hasta ahora vengo compartiendo las recetas yo pero me encantaría que todas pudiesen compartir.

Por ahora los encuentros son en casa pero podemos organizarlos en otros lugares.

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